Cruzando miradas

Puedo no mirarte, verme indiferente, ser monótona, cuidarme a mi misma y ser invisible. Pero eso no implica no verte y privarme de ese pequeño momento.

Pero el instante que me arriesgo y te miro; no puedo evitar sonreír, no logro evitar sentirme feliz tampoco se me dan las fuerzas para detener mi cuerpo de reaccionar. Y cuando siento que mis piernas dejan de funcionar y que mis mejillas se tornan rojas debo de apartar mi mirada de tus ojos. Y aún sin tener que mirarte puedo sentirte seguir mis movimientos de manera sutil.

Tu risa nerviosa y conversación rápida me tranquiliza porque me muestra que tienes tantos nervios como yo. No quiero parecer loca o una niña pero a veces sé que no puedo verte, porque cuando comienzo a tener control me sonríes, guiñas el ojo y siento como se desvanece el sentido de calma. Y he empezado a darme cuenta que me gusta sentirme así.

¿Conquistar o ser conquistado?

¿Se puede conquistar un mundo sin destruirlo?

Conquistar no se debería llamar a lo que uno quiere conocer, conocer es entrar al mundo de otra persona como un turista. Nos sentimos a gusto con lo que tenemos pero entonces, ¿por qué nos atrae lo desconocido? Tal vez conquistar y conocer sean diferentes, pero están conectados. Pues, conquistar es encontrar dos mundos totalmente diferentes que hablen el mismo idioma, y en ese momento es cuando se quiere conocer.

“¿Por qué relacionamos el conquistar con motivos sexuales?” me pregunté un día mientras veía cómo las personas hablaban sin sentimiento. Y luego me dije a mi misma, “porque conquistar es solo querer invadir a alguien sin saber lo que pasa más allá de una sonrisa. Conocer a alguien es saber sus temores, sueños, desafíos, el sentimiento de sus lágrimas y sus risas.

-LCA